Como
las hojas secas que en otoño
caen
lentamente
sobre
el oscuro rostro del asfalto
y
son arrastradas
por
la fuerza del viento, para morir
abandonadas
en
los contenedores de basuras…
Nuestro
amor, como pequeños
suspiros
rotos
en
la triste mirada del olvido,
se
diluye
irreversiblemente
en una esquina
del
sueño
donde
solo habitan los reproches…
Y
las cenizas
de
un fuego que nunca tuvo calor en su vientre…

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