Sentado sobre las nalgas
envejecidas de la eterna soledad
que sujetan como dos viejas
columnas de madera
el edificio gótico
donde habitan los fantasmas
juguetones de tus recuerdos…
Comparto las migajas
deshojadas de tus caricias
con los labios ensombrecidos
de una nube gris
que se perdió una noche de
invierno, entre las pestañas
de terciopelo
que cubren con su aura de
tristeza los ojos del llanto.
Pero que quiero decirte mi
querida amiga, que el amor
que yo siento por ti, es el
único estimulante
que cada mañana
mantiene viva la ilusión de tenerte
de nuevo entre mis brazos
generosamente
abandonada entre los perfiles
de nácar de un abrazo eterno.

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