Escondidos entre las
pestañas del silencio
que cubre
con sus manos de vieja hechicera
los ojos negros de la oscura
madrugada.
Mis besos encendidos, como la hoguera
que arde en la chimenea de
mi corazón,
vence el miedo
que acosa en la distancia
la pasión enfermiza del
amante celoso
y apaga su fuego eterno, en
la fuente de miel
que nace en cada esquina de
tu boca.

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