Ella siempre quiso tener un amor
con contrato a tiempo parcial
y disponible
las veinticuatro horas del día.
Un amor de la clase b,
que se pagara la seguridad social,
la mutua de accidentes
y estuviera en posesión
de un curso de riesgos laborales.
Un amor dado de alta
en el régimen de los amantes autónomos.

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