La mañana está triste, se nota en su cara
el cansancio de lo eterno...
Entre sus mejillas nacen dos ríos de tristezas
que desembocan
en el opaco cristal del beso,
donde la risa ha perdido su color.
A través de sus ventanas pueden verse
los tímidos brotes de yerbas
acariciados por el rocío
y el aire despeinando los canos cabellos
de los almendros.
Su boca, derrama amargos saludos entre: olivos,
fábricas
y autobuses...
Buenos días.

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