En la penumbra donde anidan sombras,
las almas perdidas susurran lamentos.
El eco de amores que el viento despoja,
se ahoga en la brisa, en dulces tormentos.
Las hojas, vestidas de un dorado añil,
susurran secretos de noches sin fin.
El tiempo se arrastra, la luna es perfil
de un amor que se apaga, de un viejo confín.
Los recuerdos flotan, como nubes de mar,
regalando caricias que el sol no abrazó.
Un beso perdido, la trama de un zar,
un verso que arde en el frío de un adiós.
Y mueren en la soledad, los suspiros,
como estrellas caídas, deseos marchitos.
Un corazón amante, que ríe entre giros,
en la danza del alma, dibuja sus mitos.
La noche observa, con ojos de anciana,
sus manos sostienen un cielo estrellado.
Las constelaciones tejen su ventana,
un viaje eterno hacia lo no olvidado.
Como ríos azules que a mar saben llegar,
las lágrimas fluyen en busca del sol.
Son historias de un tiempo que quiere voltar,
tras las sombras que quedan, sirenas de rol.
En el silencio se escucha un canto sereno,
la voz de lo ausente, un eco del mar.
Las musas se visten de un manto pequeño,
en la noche profunda que vuelve a soñar.
Cantan los poetas en versos vacíos,
con un aliento que la brisa desata.
Las palabras flotan, son dulces desvíos,
que traen luz de un fuego que nunca se apaga.
Porque hay en cada verso un trozo de piel,
un eco fugaz de un amor prometido.
Y en cada susurro que el viento sostiene,
un latido eterno, un destino perdido.
Los caminos de vida se cruzan y entrelazan,
como ríos en danza en un bosque de olivo.
Y en el aire, susurros de almas que abrazan,
la soledad invita a un amor más altivo.
Verso tras verso, el alma se revela,
en la penumbra tibia de un cálido hogar.
Las chimeneas sueñan, en su danza tierna,
con caricias que llenan, con sueños al azar.
Son risas lejanas que el tiempo ha dejado,
en las paredes viejas donde el polvo está.
Son ecos de vida, de un amor anhelado,
que se pierde en la niebla, que jamás volverá.
Las flores marchitas cuentan historias,
de amores lejanos que el viento arrastró.
Y en ese rincón lleno de memorias,
una sombra espera, a quien nunca llegó.
Así mueren sueños en la soledad,
de un verso añorado que busca calor.
Como un fuego que tiembla, su soledad,
en la oscura penumbra que abraza el dolor.
Las estrellas titilan, cual ojos callados,
y el cielo se viste de un manto de luz.
Más el alma que busca, entre sueños dorados,
en la soledad vive, anhelando el abrazo.
Misterios guardados en la piel del instante,
acarician el aire con dulces anhelos.
Suenan tambores que vibran distante,
como un latido que siente y que velo.
Y en cada palabra un mundo se apura,
un universo entero en la pura creación.
Las almas que siempre buscan la ternura,
en los versos hallan su única razón.
Mueren en la soledad de un verso,
un canto olvidado, un amor que se fue.
Y en la brisa suave, un tenue universo,
carga el peso eterno de un corazón que fue.
Así cerramos este cíclico viaje,
en la calma sagrada de un mundo simulado.
Las almas se encuentran en su pasaje,
y el eco de su amor nunca ha terminado.

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