viernes, 22 de mayo de 2026

ABRAZADO AL CALOR


 

Abrazado al calor de mi último aliento,

la brisa susurra secretos entre las hojas.

En el ocaso, la luz hace un intento,

de acariciar mi piel, cual suaves oleadas rojas.

 

Bajo un cielo pintado de naranjas y lilas,

las sombras danzan con ritmo sereno.

Las estrellas despiertan, titilan y brillas,

en un lienzo infinito, suave y pleno.

 

El tiempo se detiene en el susurro antiguo,

cada latido resuena como un canto ancestral.

Las montañas observan, guardianes del camino,

con sus picos cubiertos, el silencio es total.

 

El río murmura historias de antaño,

sus aguas refriegan sueños perdidos.

Las piedras guardan el eco de un extraño,

un suspiro, un llanto, en susurros tejidos.

 

La luna, cual amante fiel, se desliza,

entre nubes delicadas, cómplice en la noche.

Sus rayos me abrazan, su luz me realiza,

y cada instante se siente, un dulce derroche.

 

A lo lejos el canto de un ave resuena,

llama al alba con notas de esperanza.

Las hojas caen, la tierra veneran,

y en su andar suave la vida se lanza.

 

La fragancia del campo, de flores silvestres,

embriaga mis sentidos con el aroma de hogar.

Y en cada susurro que avanza entre cisteres,

los ecos del pasado me vienen a abraza.

 

Las memorias son pétalos en el viento,

cada rayo de sol un recuerdo que brilla.

A través del tiempo, el amor es un cimiento,

que florece en los corazones, como una semilla.

 

En el ocaso de mi viaje, la calma,

se asienta en este instante, tan preciado.

Mi espíritu se eleva, flotando en el alma,

abrazado al calor de lo no olvidado.

 

Los caminos recorridos reflejan mis pasos,

tatuados en la piel, huellas del destino.

Cada rayo dorado, en un caprichoso caso,

es un recuerdo sutil que nunca declino.

 

Las risas compartidas son ecos que vuelven,

como el murmullo suave del mar en su calma.

Los lazos se entrelazan, eternamente se elevan,

y se funden en uno, formando una palma.

 

Cuando la noche en sus brazos me abrace,

y la vida comience a desvanecerse,

en cada susurro, en cada gran enlace,

llevaré en mi pecho la luz que ha de emergerse.

 

Así, llegaré al final de mi odisea,

con el pecho abierto, como un libro ajado.

Sabré que en el fondo aún resuena la idea,

de un amor incondicional que ha perdurado.

 

Las hojas cantan al viento su último adiós,

y abrazado a la tierra, mi espíritu se alza.

Entre risas y lágrimas, trazo un compás,

destellos de vida, donde el amor nunca caza.

 

Arrullado por la luna en sus brazos de plata,

cada estrella es un sueño, cada sueño un gustar.

Las llamas de mi esencia danzan en la plata,

y en el calor eterno, encontraré el hogar.

 

A las olas que vienen y van en su danza,

les entregaré mis anhelos, mis quimeras.

Son vida, son canto, son pura alabanza,

un soplo infinito en las historias certeras.

 

Al final de este viaje, la luz se despide,

pero en cada rincón florece un recuerdo.

Porque abrazado al calor que el alma decide,

hallaré la eternidad en lo que yo guardo.

 

 

 

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