Cuando el temporal de la vida azote
sin
piedad
los
tejados que a duras penas cubren
el
edificio
donde
habitan en precario la familia
de tus
sentimientos más ocultos
y la
impotencia
ante
tantas adversidades
te quiten
las ganas de seguir luchando…
No lo
dudes
la mejor
solución es cortarse alegremente
las venas
del miedo
y dejar
que la cálida viscosidad del grito
convertido
en sangre bermeja
corra
suavemente por los canales
que
arañan
sin
piedad los poros envejecidos de tu piel.

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