Cada mañana la tímida luz del sol
derrama
sobre
mi piel curtida a golpes
de
sudor
y de
hambre
la
ternura de un beso
que de
mi existencia nunca supo.
Como un
rojo clavel abandonado
en el
tiesto
de una
maceta rota…
Mis
manos vacías de futuro
y
esperanzas
abren
una flor de incertidumbre
en el
vientre desierto y seco del futuro.
Mientras
que tu risa pintada al oleo
sobre
la piel
blanca
de la inocencia
se
pierde en la garganta oscura
de una
mina bañada de ilusiones y sueños…

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