Derramando tus lágrimas de sal
sobre las nalgas
amables de una cálida madrugada…
Con tus dedos de cristal desnudas
la mágica
inocencia de un suspiro
que al esconder juega con los rizos
de un tirabuzón rebelde
que quiere besar tu boca y dormir
eternamente
en el canal generoso que nace
en tu garganta
y muere en la locura infinita
donde habitan y sueñan los deseos.
Te ahogas
en los recuerdos de una caricia
inalámbrica
que, como la lluvia, besa humildemente
el acerado
empobrecido de las calles y sueñas
con el primer
beso de amor, que olvidar jamás supiste…

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