Como pequeñas luciérnagas volátiles
que en las noches
largas y oscuras del solsticio
de invierno
danzan ebrias de luz y agonía
en un oscuro y terrible aquelarre…
Los espermas de la soledad impuesta
a golpes
de bajos salarios y jornadas
interminables
bajan velozmente por las paredes
sin cal
de las conciencias en crisis
y reencarnan
cada primavera, en el vientre
existencialista de una estatua de sal.

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