Desnuda de pecados,
María camina
entre las gentes
que son como
pequeñas sombras
que ocupan las
aceras de las calles
y los asientos del
autobús.
Se parece a las
ruborosas amapolas
que en medio del
trigo
alegran la tarde
con su belleza
y en su mirada
esconden el secreto
de la soledad.
En sus ojos, como
el cielo azul
que en primavera
anuncia
el retorno de las
aves migratorias...
Duerme la ternura
de su corazón
envuelta
en un blanco pijama
de pudor
y sueña
con ese amor
imposible
que pasa de largo y
nunca llama a su puerta.
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