Entre tus brazos quiero despertar
cada mañana
como los girasoles que se abandonan
en cuerpo y alma a los rayos del sol.
Como las enredaderas que nacen
en los arriates de tu jardín
y egoístas se comen las tapias del viento.
Quiero que tus manos blancas y suaves
como las plumas de una paloma
se anuden a mi cuerpo
y derramen sobre cada poro de mí piel
el calor que nace en el volcán de tus deseos.
Como el sol que cada tarde se ahoga
en el vientre del mar, cada noche
necesito morir en el fuego eterno de tus besos…

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