Querida amiga, hoy se
refleja en tu cara
la belleza serena de una
rosa.
La tristeza
de esas tardes de invierno
donde el frío
baña las nalgas de la soledad
y las golondrinas
anidan en el corazón de la tristeza.
Tu mirada casi ausente,
cubre de melancolía
las paredes desconchadas del alma.
Sentada cómodamente
en un rincón oscuro de un eco lejano
tratas de ocultar
los viejos recuerdos
que de vez en cuando afloran
por tu piel
queriendo emular
esas pequeñas enredaderas
que luchan
desesperadamente por cubrir
con su verde manto
los crimenes que hombres sin escrúpulos
cometieron en las cunetas
de tus deseos y en las tapias frías de tu eterna inocencia.

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