Mudos y sordos como las estatuas de mármol
que adornan las fuentes del viejo parque,
donde cada noche se funde el gemido
de una caricia, con el suave susurro del agua...
Los humanos de toda la tierra, calzados
de cómodas zapatillas de aburrimiento
nos sentamos
delante de la televisión y contemplamos
impasibles como el egoísmo del hombre
no tiene fronteras, ni rostro en el alma.
Vemos de la forma más natural del mundo,
como las guerras
son controladas desde los despachos
de lujos y cubren con alfombras de silencios
las injusticias que a diario
atentan contra la dignidad del hombre
llenando la tierra de: Crímenes, hambre y miserias...



















