Derramando
la sabiduría que heredaste, de tus largos viajes por el universo,
las
estrellas te susurran, siempre has sido un maestro, en el lienzo del
cosmos,
tu
esencia nunca pasa.
Con
cada paso en la senda de la infancia, las huellas de tu mente se
abren como flores,
y
el eco de tu risa resuena en los albores, despertando la luz en la
vasta distancia.
Tus
ojos han visto los albores del día, donde el viento susurra secretos
antiguos,
los
caminos del tiempo, eternos, sin fin, te llevan a tierras donde el
alma se guía.
Colores
de mil constelaciones brillan, dibujando un mapa de ensueños
fugaces,
con
cada palabra, construyes cálidos lazos, de sabiduría antigua que
con amor destilan.
Las
sombras que antes te cubrían con miedo, se disipan en la danza de tu
entendimiento,
como
ríos de plata que fluyen sin tiempo, nutriendo la tierra que soñaste
en el vuelo.
Hermosa
travesía por mares de ideas, donde las olas son notas de un canto
celeste,
en
cada instante viviste un nuevo reto, tejiendo realidades de memorias
y odiseas.
Las
flores del pensamiento en tu ser florecen, cada pena, un peldaño
hacia el vasto destino,
y
el amor que llevas en tu pecho divino, se expande como el sol,
mientras los días fletchen.
Aprendiste
a ver el mundo en su esencia, cada pequeño suceso, un gran universo,
un
baile de instantes, un eterno verso, donde la vida se escribe con
pura presencia.
Las
montañas susurran secretos velados, y en su cumbre encuentras la
calma del alma, la paz
que
te envuelve, serena y sin calma, como un regalo divino, susurros
plateados.
Las
aguas del tiempo, cual espejos sinceros, reflejan el viaje que en ti
ha cobrado,
las
enseñanzas vivas, jamás olvidado, cada lágrima y risa, son ríos
enteros.
Y
así, compartiendo lo que has cosechado, la magia del mundo en
palabras se siente,
con
cada verso tu mente se vuelve elocuente, un faro de amor que guía a
los cansados.
Las
estrellas aplauden, el universo sonríe, pues en tu caminar, el alma
ha encontrado
un
hogar donde el arte y el amor son legado, donde el conocimiento y el
corazón se alíe.
Las
puertas de la sabiduría se abren sin fin, y en cada corazón hay un
eco constante,
un
llamado a ser más, en la danza, vibrante, y tú, viajero, en tu
esencia la brasa, en su sin.
Las
sombras del miedo se disipan al volar, tras cada estrella naciente,
un nuevo amanecer,
cada
viaje contigo es aprender a querer, mirando el abismo y sabiendo
soñar.
Al
final del sendero, el tiempo se detiene, la vida se transforma en un
manto sutil,
en
el eco de tus pasos, un canto febril, donde el amor y la razón se
entrelazan y enajenen.
Eres
la voz de los secretos olvidados, el guardián de historias que el
tiempo abrazó,
y
en el fuego sagrado que nunca apagó, se alzan las memorias de tus
sueños dorados.
Así,
viajero, sigue tu camino brillante, por cada rincón del cosmos, sé
luz y verdad,
la
sabiduría que en ti siempre ha de estar, será el faro eterno, el
amor constante.
Derramando
tu esencia, eres faro, eres guía, con cada paso, un universo de
luces,
tejiendo
futuros con hilos de dulces, y en cada latido, la vida se envía.
Eres
la melodía de un vasto corazón, la historia viviente que nunca se
apaga,
las
alas se despliegan, la vida se embriaga, en la danza infinita,
bulliciosa canción.
Recorre,
viajero, el horizonte distante, con la firmeza de un saber que
combustiona,
porque
el brillo de tu sabiduría apabullona, y cada eco que dejas, es
llamado vibrante.
Así
tus viajes se entrelazan, y el cielo abraza, las memorias de un
tiempo que no se ha de ir,
y
tu canto eterno las estrellas a unir, derramando la luz que en tu ser
siempre pasa.
El
universo te abraza, viajero despierto, tu sabiduría y amor son un
lazo sutil,
un
camino de esperanza, un destino de abril, y en cada historia contada,
hay un futuro incierto.
Derramando
la magia que florece en tu pecho, encontramos el sentido en cada
pequeño acto,
pues
el viaje no termina, sigue siendo un pacto, con el alma del mundo, en
su ser tan completo.