Nada
es eterno y el amor al igual que todo en
la vida
también
muere…
Puede
morir un amanecer cualquiera
en
las esquinas rotas de una cama sin muslos
o
en los tejados donde anidan las
golondrinas.
Puede
morir o caminar noctambulo por las guindolas
que
cuelgan como guirnaldas de colores
de
las manos de la rutina que invade el compromiso
no
cumplido
o
viajar con una venda en los ojos detrás de una ilusión
que
desaparece
en
el sombrero mágico de un mago en decadencia.
…
y después abandonado en la cuneta sin nombre
de
cualquier camino
derramar
irremediablemente las últimas gotas de sangre…
Una
rosa negra, casi mustia puede nacer entre las piedras
por
cada gota de sangre derramada
y
bañar el rostro de la mañana,
de
olor a duelo, suspiros de agonías y
lagrimas de ausencias.
Nada
es eterno
y
el amor como todo en la vida
también
se puede morir cuando menos lo espera…
