Caminando sin
frenos por la pendiente inclinada
que me lleva como
tirado con una honda
a la tímida mirada
de la vejez...
Mis manos torpes y vacías
sujetan el perfil
de un descolorido autorretrato
como queriendo
parar el tiempo
y saborear sorbo a
sorbo, la efímera juventud
que nos regala el
incierto manantial de la vida.
Ya no quedan
caricias que alegren mis tardes
dormido en los
brazo de la soledad
y mi silueta ayer
viril
hoy se refleja en
los cristales del alma
como un clavel
marchitado por los rayos del Sol.
Mi orgullo
escondido detrás de una sonrisa
se abraza
desesperado
a los volantes de
una esperanza
que se pierde por
los callejones de tus besos
deshojando un
calendario
sin fechas ni
santoral que lo recuerde…
No hay comentarios:
Publicar un comentario