Cuando las garras de la soledad, acarician
amorosamente la espalda del viento
y los
recuerdos
como
pequeños alfileres envenenados
se clavan
como puñales
en los tejido
más blando de tu corazón…
El tiempo
parece detenerse en los andenes
del alma
y el
dolor ocupa clandestinamente
cada
rincón
del
edificio donde habitan aleatoriamente:
Los
recuerdos envasados en vasos de humo,
el sudor
frío de aquellas caricias eternas
y los
trozos de lenguas viscosas
derramadas
sobre una alfombra
de mentiras y caricias transgénicas.


















