Yo sé que para ti mi querida amiga… Nunca estaré
a la altura
de aquel muchacho con cara de oráculo chino
que una tarde
escondido entre las pestañas de una apuesta
moldeo
con sus manos torpes y falta de ternura
una vasija de barro
donde enterró tus sentimientos más profundos
y los pétalos desojados
de una flor que a ser mujer jugaba.
De aquel muchacho de ego generoso y pensamiento
excluyente
al que una noche huérfana de sentimientos
y pasión
le entregaste el calor de tus caricias
dejándote
sembrar en la inmensa soledad de tu vientre
un rosal
del que nacieron tus dos amores más grandes
y una corona de espinas
que aún hoy sigue clavada en los más profundo
de tu corazón.
Yo sé que para ti mi querida amiga… Nunca estaré
a la altura de aquel muchacho
pero seguramente seré el que más te ha querido.
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