Un día rompiste en mil pedazos mi corazón
y como una guerrera
orgullosa de su victoria en la batalla del amor…
Ocupaste tranquilamente
tu asiento de terciopelo negro
en el palco preferente del teatro de la vida.
Contemplaste con esa luz que da el éxito…
La caída de un dios de barro
que poco a poco
se fue diluyendo en el pozo profundo
de una soledad
impuesta con premeditación y alevosía,
por un ser insensible a la ternura
y
el cariño que brotaba de mis manos
como brota
en
primavera la flor del azahar de los naranjos...

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