Para irme de tu lado, solo necesito
que me digas vete…
Y me iré desnudo de reproches
llevándome escondido entre el barro
de mis zapatos,
el fuego del último beso que diste.
Me iré dejando un trozo de mi alma
entre los pliegues aun calientes
de las sabanas sudorosas
que cubrían nuestros cuerpos desnudos
cuando galopaban salvajemente
por las extensas llanuras
de una pasión enfermiza y desenfrenada.

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