Con veinte dormitorios de lenguas
como espadas
que hieren el pecho de todos
los que llegan hasta la orilla
de tus ojos
huyendo de los fantasmas de la soledad…
Cada noche
abre un paréntesis entre las nalgas
de la luna,
para descubrir nuevas formas
de adornar
las paredes vacías de tu vientre,
con los retales descoloridos
de un romanticismo: Posesivo, viejo y caduco.

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