Con
la extrema suavidad
y
ternura
de
un palomo en celos…
Mis
labios encendidos
acarician:
Tu cuello,
tus
hombros y tu espalda
y
pregonan
su
amor cada madrugada
en
todas las esquinas
vacías
de
los suburbios del alma
con
la voz
casi
quebrada de un rapsoda herido.

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