Sujeto a los negros cabellos
del corazón
de la tristeza,
rumio las horas interminables
de unas noches
donde dolor y oscuridad
se abrazan
mutuamente
mutuamente
contemplando las manecillas
de un reloj,
que ha parado
que ha parado
su eterno caminar,
cansado de tanto herir el
tiempo.

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