El amor nunca fue plato en tu
mesa…
Ni en tu cama
el viento fue gemido que hiere
el viento fue gemido que hiere
con las uñas
la espalda del amante nocturno
que desaparece
la espalda del amante nocturno
que desaparece
en el sombrero de la
madrugada.
En tu patio jamás dio flor el
almendro
ni el jilguero bajo hasta tu
boca
para dejar en tus labios
el dulce sabor de un beso
clandestino.
El amor nunca fue plato en tu
mesa...
Y la soledad
cada tarde se pierde entre las
rosas
y los claveles de tu bello
jardín
con un manantial de lágrimas
en los ojos
y en las manos
el inmenso vacío de las caricias
que nunca tuviste.

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