Evitando las miradas indiscretas del sol
que suele difuminar con su aliento fresco
las manos de los deseos
para convertirlas en sombras alargadas
y fantasmales…
Cada madrugada salgo de mi cuerpo
y vuelo impaciente y tembloroso
sobre ronquidos de sueños profundos
y gemidos
que salen de las
aristas de los viejos
edificios donde la luna descansa
para tomar aliento y seguir caminando.
Desde la atalaya de mis pensamientos
contemplo con cierta rabia contenida
tu cuerpo abandonado y desnudo
sobre las sabanas arrugadas de tu cama
rodeado de un halo suave y tibio
que invita a la contemplación
y dan riendas sueltas a los deseos mas impuros.
El sol con un ojo casi abierto y en su cara
un gesto de fina ironía
me invita amablemente
a volver irreversiblemente a la vida cotidiana y real…

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