La luz casi apagada de tu mirada
ausente
se derramasuavemente sobre las paredes blancas
de tus mejillas
como la miel que derraman tus labios
cuando asomados a las ventanas del olvido
esperan el regreso de un amor
que nació
con la primavera y se fue con el verano
dejando
escondido entre los espermas de las flores
y de las abejas
el recuerdo de un beso que entre sus manos
cobija
la eterna lentitud que invade la espera.

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