Preso de las llamas azules
que en tus ojos nacen
como lava incandescente
de un volcán en erupción,
el Sol
cada tarde dibuja al óleo
sobre el lienzo
de cristal opaco de una nube
distraída,
un beso de limón encendido
envidia de un Van Gogh.
Conmovido por la escena
surrealista
digna de un Dalí
o del Neruda de estravagario,
desde la cúspide de mi humilde
atalaya
de bohemio empedernido,
contemplo con cierta envidia
la ironía egoísta
de la mente creadora
y en un arrebato de ira
me pierdo entre las llamas del infierno.

No hay comentarios:
Publicar un comentario