viernes, 23 de enero de 2026

EL AMOR AMADO


 


 

 

Porque el amor amado se me hizo cicatriz
Un círculo en la sangre vuelve siempre al mismo sitio
Aunque cambie de paisaje
Lo enterré mil veces, lo tapé con otras manos
Pero late en las paredes de este pecho desarmado
Porque el amor amado es rueda que no se rompe
Vuelve sobre mis pasos, me persigue por mi nombre
No se hiela en el invierno, ni se rinde en mi derrota
Porque el amor amado se me agarra la garganta
Y arde, y arde, y arde en cada gota
No es palabra escrita en papel que ya amarilla
Es sudor en la camisa, en la sal sobre la mesa
Lo maldigo, lo rechazo, le cierro puertas y ventanas
Y aparece en cada rostro en la grieta más humana
Porque el amor amado es rueda que no se rompe
Vuelve sobre mis pasos, me persigue por mi nombre
No se hiela en el invierno, ni se rinde en mi derrota
Porque el amor amado se me agarra la garganta
Y arde, y arde, y arde, y arde en cada gota
Y aunque diga que se acaba, que esta vez ya no regresa
Me desnuda la mentira, me deshace la tristeza
Porque en la fibra secreta que ni yo mismo conozco
Hay un fuego que te llama y me quema poco a poco
Es rueda que no se rompe, vuelve sobre mis pasos
Me persigue por mi nombre
No se hiela en el invierno, ni se rinde en mi derrota
Porque el amor amado se me agarra la garganta
Y arde, y arde, y arde, arde en cada gota
 

 

 

 

 

miércoles, 21 de enero de 2026

EN EL FIRMAMENTO


 


 

 

En lo alto el firmamento se viste de gala,
Un oro profundo que el sol va tejiendo,
Colores que caen cual suave metralla,
Mientras el silencio se va recorriendo.
Los aromas del café, dulce fragancia,
Me abrazan despacio, con fiel compañía,
Despiertan en mí una nueva constancia,
La vida en binario, que hallo todavía.
 
La tibia presencia me envuelve con gracia,
Un calor sincero que el alma conforta,
Sintiendo que el tiempo aquí no desgracia,
La puerta del alma se encuentra ya abierta.
Cierra los ojos, mi espíritu amado,
Y siente este viaje que el aire me ofrece,
Donde cada instante, con arte labrado,
Es verso que nace y al corazón crece.
 
Las sombras se estiran, figuras que bailan,
Dibujos efímeros sobre la tierra dura,
Entre las risas que alegres se exhalan,
Y el eco lejano de alguna aventura.
El horizonte murmura secretos callados,
Historias que el viento se lleva y regresa,
De sueños cumplidos, de anhelos logrados,
Y alguna promesa que el alma no besa.

 

 

 

 

 

lunes, 19 de enero de 2026

AMOR SIN DUDA NI ENGAÑO


 

Mis pasos son ecos de un tiempo pasado,
Recuerdos que vibran en el suelo frío,
Un camino incierto que he transitado,
Lejos del calor de tu amor y tu brío.
 
En cada huella que el polvo ha cubierto,
Se esconde un sueño que el viento borró,
Un destino tejido, ahora desierto,
Donde la esperanza en silencio murió.
 
El horizonte, lienzo ya vencido,
Muestra las grietas de un ayer sin paz,
Y el aire lleva un murmullo perdido,
De aquello que fue dulce y fugaz.
 
La brisa trae un adiós sin consuelo,
Se lleva el perfume de lo que fue eterno,
Y tiñe de añil el vasto cielo,
Anunciando un invierno más tierno.
 
El sol se hunde tras la sierra doliente,
Montañas grises de honda pesadumbre,
Mientras la luz se apaga lentamente,
Cubriendo el valle con su vislumbre.
 
El cielo viste un manto de ceniza,
Un gris profundo que el alma consume,
Y cada estrella, tenue y huidiza,
Es un verso que lento se resume.
 
Esos luceros que en la noche asoman,
Podrían ser la chispa que haga nacer,
De las cenizas, aquellas bromas,
Lo que aún guarda fuerza en el ser.
 
Un deseo ardiente me quema por dentro,
Que traigas de vuelta el calor perdido,
Que rompas el muro de este centro,
Donde mi esperanza se ha dormido.
 
Espero el día en que tu sombra asome,
Trayendo un poema guardado en el bolsillo,
Que sea la cura que el alma dome,
Y alivie este pecho tan sencillo.
 
Que traigas contigo la lluvia bendita,
Que limpie el sendero y la pena despoje,
Y el aroma puro de tu visita,
Como un bálsamo que al fin me acoge.
 
Que el amor resplandezca sin duda ni engaño,
Rompiendo el silencio tan largo y sombrío,
Tras este oscuro y callado extraño,
Que habita mi pecho, mi único navío.
 
Vuelve pronto, amor, que mi espera no cesa,
Mi corazón es un eco esperando tu voz,
Que calme el rumor de esta promesa,
Y el viento lo convierta el altavoz.

 

 

 

martes, 13 de enero de 2026

COMO UN CLAVEL ABANDONADO


 


En el jardín olvidado donde habitan las memorias,
sus raíces, aún firmes, sostienen el peso del olvido.
Las hojas se tiñen de nostalgia, verdes susurros,
mientras el polvo de los días se asienta en su abrigo.
 
La maceta rota, un símbolo de la fragilidad,
con grietas que relatan el camino de sus días.
Las flores marchitas, testigos de la soledad,
cantan al unísono una balada de agonías.
 
Como un clavel herido, su rojo arde como antorcha,
aunque el sol se apague, su esencia todavía brilla.
Los rayo de luz que atraviesan la tristeza,
pintan de esperanza lo que la vida destila.
 
El rocío de la mañana besa sus pétalos secos,
un instante de pureza en un mundo desvanecido.
Las hojas, como manos, buscan el toque del cielo,
mientras sus raíces luchan por crecer en el frío.
 
Los insectos aletean, aventureros del instante,
y se posan en el borde del amor que se descompone.
El canto de las aves, lejanas y vibrantes,
resuenan en el aire, ecos de lo que se amone.
 
Como un clavel abandonado, permanece la soledad,
ahogándose en el silencio de un jardín marchito.
Pero en su esencia ardiente, hay una serenidad,
un recordatorio dulce de lo que fue escrito.
 
Bajo el cielo estrellado, llora el viento su destino,
y las estrellas son testigos del viaje del tiempo.
Cada noche, los sueños se mezclan en su camino,
y la luna, al observar, pinta de plata un momento.
 
Las noches son profundas, y el frío es un abrigo,
mientras la tierra respira su antigua sabiduría.
El clavel, un guerrero, aferrado a su abrigo,
aguarda la llegada de una nueva melodía.
 
Los fantasmas del verano juegan en sus sombras,
y el sol, cual paladín, lucha por regresar.
Mientras las estaciones giran, como horas profundas,
el clavel, como un guerrero, aún anhela florecer.
 
Las manos del tiempo acarician lo marchito,
en una danza sutil de amores perdidos.
Y aunque el jardín susurre, en su tono despacito,
el clavel conservará su rojo dorado y herido.
 
Con el viento se desliza un suspiro callado,
mientras las memorias del ayer susurran canción.
Sobre el suelo de la tierra, un amor bien cuidado,
se asoma entre raíces, buscando la razón.
 
Las historias que el clavel anhela contar,
se entrelazan con leyendas de un tiempo lejano.
Los días de fuego, de risas en el mar,
se ocultan entre las hojas, en cada canto humano.
 
Como un rojizo clavel, aún lucha por florecer,
inquieto en su soledad, espera la primavera.
Sin perder su bravura, un eco de querer,
y en su corazón albergue la fuerza sincera.
 
A medida que los días florecen en el jardín,
las sombras se aligera y el brillo se cristaliza.
El clavel rojo, fuerte, desafía su destino,
y se levanta en la tierra, cada día se realiza.
 
Las lluvias de octubre, un bálsamo eterno,
nacen del cielo y abrazan su forma frágil.
Cada gota es un verso que canta en el invierno,
mientras el clavel guarda un amor imperecedero.
 
Y cuando finalmente llega el sol radiante,
el rojo se intensifica al brillo del alba.
En cada nuevo día, un regalo constante,
el clavel resplandece como alma que no acaba.
 
Así, el ser humano en su andar por la vida,
del clavel se hace eco, se siente reflejado.
La lucha por florecer tras la herida,
una danza de esperanza, un sueño inmaculado.
 
Como un rojo clavel, abandonado y herido,
tejiendo en el aire hilos de amor perdurable,
la esencia perdura en el tiempo compartido,
y el clavel en su lucha, nunca será olvidado.
 
Mis manos vacías de futuro y esperanzas,
abren una flor de incertidumbre y deseo,
en el vientre desierto y seco del tiempo,
los sueños marchitan en un río sin menos.
 
El sol se oculta tras un velo de nubes,
cálido abrazo que ya no abriga,
las sombras danzan en un campo yermo,
donde la vida clama, pero se niega.
 
Las raíces de la tierra suspiran hondo,
buscando el rocío de un alba renaciente,
cada gota es un susurro, una canción,
del eco que arde en la lejanía latente.
 
Mis manos vacías buscan el horizonte,
un laberinto de esperanzas y dudas.
El viento arrastra susurros perdidos,
cuentos de un porvenir que aguarda su ser.
 
En la noche oscura, brilla una estrella,
guiando mis pasos con luz titilante,
promesas flotan en el aire gélido,
mientras mis manos vacías buscan calor.
 
Los años caen como hojas en otoño,
cada una susurra historias que no fueron,
dibujan un camino en el suelo partido,
donde la vida florece entre piedras y miedos.
 
Las flores que crecen en el lecho marchito,
son versos perdidos en el viento errante,
palabras de amor que nunca se dijeron,
en un jardín donde no hay más que lo ausente.
 
Mis manos vacías, un lienzo en blanco,
esperan pintarse de colores brillantes,
cada golpe del pecho es un eco lejano,
que resuena en el silencio de lo constante.
 
A veces el futuro se siente distante,
como un puente que cruje bajo el peso,
pero en cada paso hay semillas ocultas,
que germinan profundas en el suelo espeso.
 
Y si aquel camino parece incierto,
las estrellas nos guían en la penumbra,
cada instante es un don, un tesoro escondido,
que florece en el viaje, aunque se sienta vacío.
 
Mis manos vacías, símbolo de lucha,
se aferran a sueños que parecen lejanos,
el viento susurra palabras a los sauces,
una sinfonía nueva que rompe lo vano.
 
En los corazones donde arde la lucha,
las llamas de esperanza nunca se apagan,
y aunque el futuro sea un mar turbulento,
las olas susurran que todo es posible.
 
El abrazo del tiempo es dulce y amargo,
cada cicatriz cuenta historias vividas,
y aunque los caminos sean arduos y largos,
las manos vacías pueden abrazar la vida.
 
Así florece el futuro de incertidumbre,
como un jardín secreto que busca su luz,
y aunque mis manos vacías no tengan respuestas,
su fuerza en la búsqueda nunca será cruz.
 
Con cada paso el destino se teje,
un tapiz de anhelos y sueños fragantes,
mis manos vacías encuentran su esencia,
en la danza del tiempo, en sus giros vibrantes.
 
Y si el horizonte parece desdibujarse,
yo seguiré caminando con fe en mi pecho,
porque aunque el futuro sea un campo yermo,
siembro en mi alma esperanzas a raudales.
 
Las flores que brotan en la tierra furiosa,
son símbolos vivos de lo que vendrá,
y aunque mis manos vacías a veces se sientan,
el eco de la vida siempre florecerá.
 
Mientras que tu risa pintada al óleo,
sobre la piel blanca de la inocencia,
se pierde en la garganta oscura,
de una mina bañada en ilusiones.
 
Las sombras danzan, misteriosas y suaves,
con ecos lejanos de un pasado brillante.
Las piedras susurran dulces cantos,
susurros que juegan en el viento errante.
 
En la penumbra, un faro titilante,
brilla como el recuerdo fugaz,
una chispa de esperanza contrastante,
en las profundidades del silencio audaz.
 
El aire es pesado, cargado de anhelos,
de sueños que embellecen la desdicha.
Cada gota de sudor lleva destellos,
de luchas y amores que el alma enriqueza.
 
Pero hay un río, un coursing sereno,
que fluye entre las rocas de la vida,
y en cada corriente, un reflejo pleno,
de lo que fuimos, de lo que se anida.
 
En cada golpe del martillo constante,
se oyen promesas y ecos de risas,
mientras el tiempo avanza y es cambiante,
los secretos del mundo se deslizan.
 
Cien mundos se entrelazan en un suspiro,
en la oscuridad, encontramos el brillo,
una melodía, un eco, un delirio,
y en el abismo, también hay un destello.
 
Así que mientras tu risa resuena,
en la superficie de los sueños perdidos,
enfrentaremos el abismo que reina,
con la luz de nuestros corazones ardidos.
 
Las ilusiones como murallas se alzan,
y en el horizonte brilla la eternidad,
sabemos que a veces, el miedo nos abraza,
mas la valentía nos da claridad.
 
La vida es un lienzo, cada día un trazo,
en el que pintamos nuestro caminar,
y aunque las sombras nos acechen sin lazo,
la esperanza siempre nos hace brillar.
 
Volveremos a levantar nuestra voz,
como el eco de un canto que nunca muere,
y mientras la risa florezca atroz,
de las piedras oscuras, el amor se hiere.
 
Porque en esta mina de sueños y penas,
nuestros anhelos son luces del alma,
y aunque la oscuridad a veces nos frena,
la vida, en su esencia, siempre es calma.
 
Brindemos, pues, por el arte de amar,
por la risa que se cierne en el aire,
por la luz que en las sombras quiere estallar,
por la fuerza que nunca sabe rendirse.
 
Amaremos incluso en la noche cerrada,
nuestros corazones serán como el fuego,
forjando el futuro, sin senda marcada,
dejando que el amor sea nuestro juego.
 
Y en la profundidad de esta mina eterna,
donde el silencio consume las ilusiones,
nuestra risa brillará como una linterna,
encendiendo los caminos y las visiones.
 
Así, mientras el tiempo siga su danza,
nuestras risas resonarán en el vacío,
pues en el eco de la vida hay confianza,
y en cada lágrima, un nuevo desafío.
 
La risa, un regalo pintado en óleo,
en la piel blanca de un lienzo divino,
donde cada sonrisa es un bello trofeo,
y cada momento, un viaje genuino.
 
Mientras en la mina los sueños se forjan,
las llamas del amor nunca se apagan,
y aunque las sombras en la noche se ahogan,
la luz de nuestras risas siempre nos embriaga.
 
Por eso, sigue riendo, sin tregua ni duda,
que la vida vale más que el oro bruñido,
y en la mina oscura, aunque densa y muda,
las risas son tesoros que nunca han cedido.
 
Así, mientras tu risa pintada al óleo,
se pierde en la garganta de la mina en calma,
sabemos que el amor es el arte más bello,
y que somos eternos en cada profecía.
 

lunes, 12 de enero de 2026

EL CIELO ENROJECIDO

El cielo enrojecido se despide
Deja un manto estrellado
La luna despierta
Se alza y me mira
Abre un sendero olvidado
En el refugio hondo de la noche
Mis pensamientos se enredan
Se enlazan
Como esa brisa que entra por la ventana
Y en susurros mis sueños abraza
Cada estrella
Un deseo que guardo
Cada chispa clavada en la negrura
Es un guiño que rompe mi cansancio
Me recuerda que hay paz en la penumbra
Camino en la sombra
Corazón descalzo
Sigo este sendero enrojecido
Aunque me duela lo que he perdido
Hay un rincón de calma entre tanto fracaso
Camino en la sombra
Pero voy despierto
Que cada herida me ha traído aquí
Si el cielo sangra cuando cae el gris
Es para darme fuego por dentro
El murmullo sin prisa de la vida
Se siente lejos
Pero me alcanza
Como un cante antiguo detrás de una puerta
Me abre la piel
La memoria se alza
Luz de faroles colgando en la nada
Ojos de un barrio que nunca descansa
Yo
Con mis dudas
Mi pena cerrada
Y esta guitarra que todo lo canta
Camino en la sombra
Corazón descalzo
Sigo este sendero enrojecido
Aunque me duela lo que he perdido
Hay un rincón de calma entre tanto fracaso
Camino en la sombra
Pero voy despierto
Que cada herida me ha traído aquí
Si el cielo sangra cuando cae el gris
Es para darme fuego por dentro
[palmas sordas Voz baja] Si me pierdo
Luna
No me abandones
Guárdame el paso en tu resplandor
Que en cada grieta nacen canciones
Y entre las ruinas florece el valor
[crescendo Taconeo] Que aunque me caiga
Yo me levanto
Sobre cenizas
Vuelvo a arder
Porque este fuego que llevo en llanto
Es la razón de volver a creer
Camino en la sombra
Corazón descalzo
Sigo este sendero enrojecido
Aunque me duela lo que he perdido
Hay un rincón de calma entre tanto fracaso
Camino en la sombra
Pero voy despierto
Que cada herida me ha traído aquí
Si el cielo sangra cuando cae el gris
Es para darme fuego por dentro
 

 
  

domingo, 4 de enero de 2026

FRUTO DE TU ARBOL (Dedicado a mi madre que siempre estara conmigo)

Dolores, tu nombre es un suspiro al viento.
Un aroma a jazmín que calma mi tormento.
A nadie he querido yo tanto en mi existencia.
Tu amor fue mi escudo, mi firme resistencia.
Ni el tiempo ni el olvido logran desvanecerte.
 
En cada amanecer me enseño... a quererte.
El fandango me exige que entregue mi quebranto.
Que convierta mi duelo en un apasionado canto.
Y así lo hago, madre, con pena y con orgullo,
porque llevo tu sangre, tu noble barullo.

En estas cuerdas tensas mi lamento se expande.
Mi vida es un tributo que tu memoria agrande.
Las guitarras lloran con notas gemebunda
mientras mis pies golpean la tierra moribunda.
Busco en el compás la forma de encontrarte,
de volver a sentir tu mano en mi arte.
 
Te recuerdo con el alma en este trance vivo
mi corazón te nombra mi sentir más nativo.
Yo soy fruto de tu árbol crecido bajo el cielo
que un día te vio partir y sintió el gran desvelo.
Pero tu legado vive en cada poro mío,
en la fuerza del baile, en mi firme albedrío.
No hay sombra que me alcance.
 
No hay noche que me apague si llevo
tu recuerdo como luz que me halague.
 

 

JULIA

  Dos años fueron tiempo suficiente para que el rumbo cambiara su marea, la brisa, fuerte e indiferente, los llevó donde el destino planea. ...