Como una cazadora furtiva que espera
sus presas
escondida en el silencio de la madrugada…
Escondes tus deseos de venganza
entre los velos
de una fuente de ojos cristalinos
y la oscuridad de un vientre vacío de pudor.
Humedece con tu risa de lenguas rotas
las raíces de los recuerdos
y llenas tu corazón: de nostalgias, dolor y llanto.
Sentada en los aposentos de tu orgullo,
esperas (con la tranquilidad que dan los años)
a tus presas
que son como esos pequeños animalitos
que cada noche, temblando de frio
buscan en los labios del viento, el calor de una caricia.

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