Con las manos desnudas de calor
los ojos sin
luz y los labios muertos
como el polvo rojo de los desiertos
en una nube fumo mi dolor.
Rompo en mil trocitos mi rencor
y pido a los dioses de mi tormento
que una estrella gris del firmamento
en un bolsillo me traiga tu amor.
Como último eslabón de la cadena
me ato al crucigrama de tu cintura.
Con nocturnidad te robo un soneto
y el fiscal de tu boca me condena
a vivir con los vientos de locura
que cubren los muros de tu convento.

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