Quiso pasar por la vida
sin dejar huellas
que delatasen
su existencia en este mundo...
Y cada mañana
envuelto en guantes
de negro olvido,
salía de su propio vientre
y volaba
sin rumbo fijo por: perfiles,
aristas y andamios de soledad.
Quiso pasar por la vida
sin dejar huellas
que delatasen
su existencia en este mundo...
Y cada mañana
envuelto en guantes
de negro olvido,
salía de su propio vientre
y volaba
sin rumbo fijo por: perfiles,
aristas y andamios de soledad.
Limpio de corazón, como los juncos
que nacen libres
en las orillas del sueño
y cada noche iluminan el jardín
de tu niñez…
Un hombre camina
con las manos vacías de pecados
y la mirada alta
como el giraldillo que orgulloso
corona
la torre de la giralda Sevillana.
Entregado en cuerpo y alma a la lucha
cotidiana
que nace en las esquinas perdidas
del pensamiento sutil de los genios...
En su mirada
brilla la luz que algún día puede
que ilumine
el camino que nos lleve al conocimiento
sublime
de nuestra efímera y caduca existencia…
Entre un montón de viejos cartones arrugados
por la humedad del relente
que en las madrugadas de mayo a dormir invitan…
Un mendigo de pelo largo, barba canosa
y guantes en las manos,
duerme cobijado del frío
entre las negras paredes de un viejo portal.
Desnudo del calor de unas manos inocentes
que cada madrugada mueran
entre los besos robados de un sueño,
o en la mágica inclinación de una caricia
que oculte
su pudor entre los labios de la noche,
cada mañana
acompañado de un viejo perro vagabundo,
desayuna café negro, con churros
que moja lentamente en la boca de la soledad.
Libre de las posesiones que esclavizan y embrutecen
el corazón de los hombres,
en su cara se refleja la ternura de un niño
y la picara sonrisa del viento cuando atrevido
levanta la falda que cubre las nalgas de la primavera.
En un lento esperezo, el mendigo acaricia con mimo
el húmedo cristal de una botella de vino tinto
y con un gesto de triste melancolía,
se pierde:
entre los grises sombreados de un recuerdo lejano
y la sonrisa
perpetua que nace entre los labios de Gioconda.
Agotando su último aliento el sol, besa con ternura
una lágrima rebelde que nace en los ojos del mendigo
y con un gesto de complicidad,
en el horizonte saludando a la noche cantando se pierde…
Con los recuerdos colgando
de mis manos
como viejos almanaques
clavados con chinchetas
sobre las hojas en blanco
de un bello y rojo atardecer…
Desafío con la serenidad
y confianza que dan los años
la ley de la gravedad
y la eterna sonrisa del viento
cuando atrevido
entre tus manos a ser amante juega…
Escondida entre los cálidos
labios
de un verso rebelde
que juega
a ser libre entre las alas del viento…
Una rima curiosa, levanta
suavemente
los volantes de tu falda
y duerme la siesta
entre las notas desnudas
de tus deseos
con el corazón a punto
de sufrir un infarto de miocardio
Con las señas de identidad jugando
al esconder
entre las hojas amarillentas
de un certificado de buena conducta…
Araño con uñas de topo
la espalda de un sueño que un día
fue abandonado
en el último rincón del olvido
por los que nunca vieron la luz del sol.
Por todos los que esconden el color
de sus miedos
en los decretos aprobados
por las pequeñas mayorías que gobiernan
a su antojo
el incierto destino de la humanidad.
Con las señas de identidad jugando al esconder…
De pronto abres las manos y sientes
que la vida
se te escapa: suspiro, a suspiro.
Sientes que la carne pierde juventud
que los sueños
que un día alentaron tus esfuerzos
hoy se derrumban a tus pies
sembrando
dolor y nostalgias en los surcos del futuro.
Sientes que los días son como pequeños
almanaques
colgados en los labios del tiempo
esperando las caricias
de unas manos inocentes
que al esconder con el amor jueguen…
De pronto abres las manos…
Y en un ataque de locura quieres vivir la vida.
Deshojando más de sesenta
primaveras…
Me abrazo como la tarde
al calor
del último beso
y contemplo mi imagen
desnuda
de ropa y esperanza,
ahogándose en la corriente del río...
Deshojando más de sesenta
primaveras…
Contemplo mi imagen
muriendo cada madrugada
en la soledad de un verso
añorando
las
últimas caricias de un corazón enamorado.
Sobre las sábanas blancas
que cada noche
acarician sin pudor
la inocente
desnudez de tu cuerpo…
Derramas el fuego que nace
de la pasión
de un suspiro que se escapo
de tu boca
para buscar entre los brazos
del viento
el espejismo
que calme tus ansias de libertad…
Como la flor de los almendros
que cada primavera
abre
sus pétalos de nata
a los guiños
curiosos de los rayos del sol…
Tus labios
sujetos al cordón umbilical
del llanto
por pequeños imperdibles
represivos
sueñan hermosas caricias
de amor
que ocultan tras la mirada
inocente del beso
un
mar de dudas y temores.
Cada día me dan mas miedo
las locuras
extravagantes
de esos insectos de dos patas
que habitan
en el centro de las conciencias
colectivas
y juegan sin pudor
con el destino de la humanidad
utilizando
el poder divino que creen poseer
para invadir,
esclavizar y sembrar
el hambre
en todos los rincones de la tierra.
Cada día me dan mas miedo
las locuras extravagantes
de
esos insectos de dos patas…
Navegando sin rumbo fijo, entre las dudas
de ángulos muertos
de un pasado
gris como las tardes de invierno
y la incertidumbre
de un porvenir desnudo de esperanzas
y compromisos
como la agenda vacía del vagabundo
que habita en las esquinas de mi soledad…
Cada mañana pinto en mi cara los labios
de una sonrisa costumbrista
y paseo indiferente
por delante de las miradas indiscretas
de unos corazones desnudos
de sentimientos,
ocultando entre las nalgas de la locura
os pequeños disparates que nacen
en el vientre oscuro
de una caricia que de mi existencia nunca supo…
Como un guerrero victorioso en mil batallas
de llantos, sangre y sed
de conquistas… El sol, con su espada de luz
que todo lo ilumina
corta de raíz los negros cabellos de la noche.
Reta orgulloso la omnipotencia de los dioses
vengadores y clasistas,
que ocultos eternamente entre mares de dudas
y nubes de engaños…
Al esconder juegan con la cobardía
de los hombres que justifican sus malas acciones
y falta de escrúpulos
en burdeles de carreteras, iglesias o capillas de barrios
El oscuro rostro de la confusión
se refleja hoy
entre las olas del mar…
Varios
son los espejos que lanzan
la imagen
totalmente vacía de contenidos
contra
el cristal casi opaco de nuestra
absurda
y exótica mirada existencialista…
El oscuro rostro de la confusión
se refleja hoy…
En la indiferencia
de cada uno de nuestros actos.
Sin miedo a perderme en el vientre
profundo de la oscuridad…
Cada mañana levanto anclas
y navego por los océanos de rosas
y espinas
que abren las puertas de un mundo
desconocido para los cuerdos.
Para los cuerdos que cada día esclavos
de su egoísmo
y falta de escrúpulos, planifican
las guerras
y siembran en los surcos del futuro:
Hambre, injusticias y vergüenza ajena...
Sin miedo a perderme en el vientre
profundo de la oscuridad…
Cada mañana levanto anclas
y me pierdo
en el vientre onírico de un nuevo sueño.
Desnudo de los falsos prejuicios
que contaminan
con su olor a rancio, la voluntad
de entrega
que mana a borbotones
de la ternura
inocente de un corazón enamorado…
Suelo caminar
por el mágico universo de la locura
sin miedo
a perderme entre los bosques
poblados
de plantas alucinógenas
y entes invisibles que me invitan
a vivir en paz, sin pedirme nada a cambio.
Para no caer tristemente abandonado
en los brazos de la depresión…
La mejor solución es abandonar
tu cuerpo
entre las dulces caricias de unas manos
que a enamorase jueguen.
Abandonar tu cuerpo
para sentir en lo más hondo del silencio
el dulce alivio
que te lleva casi en volandas
a la eterna locura que deja en ridículo
a todos los que quieren
controlar desde la inmensa soledad
de un despacho
las leyes naturales que manan
de los corazones generosos que cada día
mueren
ante tantas: injusticias, guerras y hambre…
Cuando el temporal de la vida azote
sin piedad
los tejados que a duras penas cubren
el edificio
donde habitan en precario la familia
de tus sentimientos más ocultos
y la impotencia
ante tantas adversidades
te quiten las ganas de seguir luchando…
No lo dudes
la mejor solución es cortarse alegremente
las venas del miedo
y dejar que la cálida viscosidad del grito
convertido en sangre bermeja
corra suavemente por los canales
que arañan
sin piedad los poros envejecidos de tu piel.
Oculto entre los panfletos
y los recuerdos
de una sonrisa clandestina…
Un sueño de ilusiones
perdidas
despierta
en mis ojos cada mañana
y como las flores
que nacen
entre las piedras del camino
cada tarde
ahogo mis esperanzas
en la soledad
de un verso endecasílabo.
Como un viejo caracol
inquilino caduco
de un invernadero
perenne…
Camino lentamente sobre
las hojas secas
de mi propio cautiverio
llevando
en la mochila de barro
y de sol
que me acompaña en cada viaje
un grito de libertad...
Y todo el peso de tu ausencia.
Cansado de tanto escombro de pensamientos
brillantes,
esqueletos rendidos al culto
y restos de antiguas civilizaciones condenadas
a su propia extinción…
Cada mañana vestido con un nuevo disfraz
de escepticismo,
camino casi como en una nube: Entre andamios
de ciencias exactas,
tesis del compromiso y guindolas de filosofía,
buscando el pensamiento mágico
de los que un día vencieron el miedo a la soledad
y a pecho descubierto
se enfrentaron a los yugos del destino
y a la barbarie
de unas leyes
impuestas por gobernantes corruptos y sin escrúpulos.
Desnudo de los hábitos que habitualmente
solemos lucir
para ocultar el miedo que nos provoca
la rutina
de vivir con los bolsillos vacíos a mitad
de mes…
Hoy he comparecido a petición propia
en la sesión plenaria
del parlamento de la soledad
que acoge en su seno
a los que no tenemos ni voz, ni avales bancarios.
Como un río desbordado por el inmenso
caudal de injusticias
que ahoga entre sus aguas turbulentas
las esperanzas
de los pueblos más pobres de la tierra…
En tu boca
como el martillo que golpea en la fragua
nace la voz
que rompe en mil pedazos los cimientos
de una cultura
impuesta a golpes de grandes mentiras.
De una cultura
impuesta a golpes de guerras pactadas
en lujosos despachos
y de miedos sutilmente impuestos a través
de volubles iconos
y de dioses selectivamente vengativos.
Como un río desbordado por el inmenso
caudal de injusticias…
Tus versos siembran en los surcos
mágicos del sueño
una luz preñada de futuro y esperanza.
Cada mañana la tímida luz del sol
derrama
sobre mi piel curtida a golpes
de sudor
y de hambre
la ternura de un beso
que de mi existencia nunca supo.
Como un rojo clavel abandonado
en el tiesto
de una maceta rota…
Mis manos vacías de futuro
y esperanzas
abren una flor de incertidumbre
en el vientre desierto y seco del futuro.
Mientras que tu risa pintada al oleo
sobre la piel
blanca de la inocencia
se pierde en la garganta oscura
de una mina bañada de ilusiones y sueños…
Dos años fueron tiempo suficiente para que el rumbo cambiara su marea, la brisa, fuerte e indiferente, los llevó donde el destino planea. ...