Entre las sombras alargadas
y mudas
que la tarde derrama
generosa
a los pies de los naranjos…
He dibujado
tú nombre en la madera
de un banco
y he guardado en un bolsillo
del viento
un poema de amor
del poeta
más romántico de todos los tiempos.
Entre las sombras alargadas
y mudas
que la tarde derrama
generosa
a los pies de los naranjos…
He dibujado
tú nombre en la madera
de un banco
y he guardado en un bolsillo
del viento
un poema de amor
del poeta
más romántico de todos los tiempos.
Tan fugaz y efímero
como la mágica redondez
de esos farolillos
que en la feria de Sevilla
envuelven con su encanto
la luz de la primavera.
El mohín gracioso
y atrevido
que dibuja generosamente
la suave
desnudez de tus labios
ilumina con su gracia
y sensualidad
la soledad de mis noches.
Baña de bellos recuerdos
la nostalgia
que invade mi corazón
recordando
tus besos y tus caricias…
Sujeto a los negros cabellos
del corazón de la soledad…
Rumio
las horas interminables
de unas noches
donde ausencia y oscuridad
se abrazan mutuamente
contemplando
las manecillas de un reloj
que ha parado su eterno
caminar
cansado de tanto herir el tiempo.
Sentada cómodamente en un rincón
oscuro y triste
de un eco lejano… Tratas de ocultar
a duras penas
los viejos recuerdos que afloran
en cada poro de tu piel
queriendo emular
esas pequeñas enredaderas que luchan
desesperadamente
por cubrir con su verde manto
los crímenes
que los hombres sin escrúpulos
cometieron
en las cunetas de tus deseos y en las tapias
frías
de tu eterna y blanca inocencia.
Hoy mi querida amiga, se refleja
en tu cara
la belleza serena de una rosa…
La belleza serena
de esas tardes de invierno
donde el frío
baña las nalgas de la soledad
y las golondrinas
anidan en el corazón de la tristeza.
Hoy mi querida amiga, tu mirada
casi ausente,
cubre de melancolía
las paredes desconchadas del alma.
Hoy mi querida amiga, se refleja
en tu cara
la belleza serena de una rosa…
Tú sabes mi querida amiga que el amor
que siento por ti
es muy parecido al que sienten los alpinistas
por el cordón umbilical
que los sujeta
suavemente a los pechos generosos de la vida.
Por eso me extraña que la belleza muerta
de una rosa amarilla escaneada
en un papel junto a un poema de amor…
Te hagan dudar
de la pureza
de mis sentimientos y del buen gusto de tu mejor amiga.
Quiero que sepas mi querida amiga que tus celos
infantiles…
Más que enfado
producen pasión y alegría en todos los rincones
de mi corazón.
Quiero que sepas que mi corazón cautivo
de tus caricias
con una sonrisa juguetona
y libre como los pensamientos del Che
cada madrugada
muere entre tus brazos como un guerrillero de la paz.
Hoy, ni escribir puedo…
La inspiración en top les se fue a pasear
por la arena de la playa,
buscando el placer carnal que nunca tuvo.
Las teclas de mi viejo ordenador
se resisten a mis dedos
como una jovencita se resiste
al primer beso de amor.
Enciendo un cigarrillo…
Paseo nervioso de un rincón a otro
de mis pensamientos.
Apago el cigarro y sigo paseando...
Nada, hoy ni escribir puedo…
La tarde va muriendo lentamente
y sigo sin escribir ni un solo verso.
Quizás la inspiración
haya encontrado un nuevo amor,
o se haya ido de copas
con un grupo de turistas por el paseo marítimo...
Hoy, ni escribir puedo…
Con veinte años de caricias tarde y el cabello
vestido de blanca luna…
A tu vida llegue como el polen
que en los labios del viento amante se vuelve.
Como las olas del mar, que llegan casi en volandas
dormidas entre las nalgas de la noche
y se abrazan desesperadas a las rocas
para hacer eterno el beso.
Perdido en la extrema calidez de tus brazos…
A tu vida llegue con el cabello
vestido de blanca luna
y veinte años de caricias escondidas en los zapatos.
Roto por el dolor de tu ausencia
y los bolsillos
llenos de nuevas esperanzas…
Cada noche
duermo sobre un lecho de nuevas
ilusiones
abrazado al recuerdo sutil
de tus caricias
que juguetonas se esconden
entre las alas
de un suspiro, que al esconder
juega
entre los brazos amables de la soledad…
Como el sol, que cada tarde baja
atrevido
de su trono de astro rey
para beber
en la fuente de tus labios
y perderse
en el inmenso mar que nace
en tus ojos…
Mis manos se pierden en el sueño
mágico
de una noche de pasión
y poco a poco
se mueren en la incertidumbre
que nace en el vientre del sur…
Como el polvo denso y volátil que cubre
con su manto gris las arenas del desierto…
Busco en la locura de un nuevo amanecer
el oasis que calme con su manantial
de espejos rotos
la sed que provoca en mi corazón
el recuerdo de tu ausencia.
Lloro suspiros perfectamente ordenados
aleatoriamente
en el marco vacío de un sueño…
Y cada madrugada desnudo mi cuerpo
para escapar
como un ocupa clandestino,
por las ventanas abiertas de la soledad…
De un tiempo a esta parte
el silencio
se nos hincha cada mañana
como un panal
donde miles de abejas
tejen desnudas golosinas.
De un tiempo a esta parte
tu mirada esquiva
se esconde
en las esquinas del silencio
y tus labios
manantial de calor ausente,
se pierden en el vientre
oscuro de la noche
buscando una hoguera
donde quemar su cuerpo.
De un tiempo a esta parte
la oscuridad
envuelve los ojos del sol
y un lamento
cotidiana llora en cada esquina.
De pronto abres las manos y sientes
que la vida
se te escapa, suspiro, a suspiro.
Sientes que la carne pierde juventud
que los sueños
que un día alentaron tus esfuerzos,
hoy se derrumban a tus pies,
sembrando
dolor y nostalgias en los surcos del futuro.
Sientes que los días son como pequeños
almanaques
colgados en los labios del tiempo,
esperando
las caricias de unas manos
inocentes
que al esconder con el amor jueguen.
De pronto abres las manos…
Y en un ataque de locura quieres vivir la vida.
Dormido entre los brazos oscuros
de una ilusión
perdida entre los panfletos
y los recuerdos
de una sonrisa clandestina…
Un sueño de polillas sin dientes
despierta
cada mañana en mis ojos
como las flores
que nacen entre las piedras del camino
y mueren
abandonadas y marchitas en la soledad
de un verso
esperando las caricias
de
un corazón locamente enamorado.
Deshojando más de sesenta
Primaveras…
Me abrazo
desesperadamente al calor
del último beso
cómo se abraza la tarde
al último rayo de sol
y contemplo
mi imagen desnuda de ropa
y esperanza
ahogándose
en la corriente creciente del río...
La distancia no cura las heridas…
Las oculta
fríamente entre las pestañas
de los recuerdos
y cada noche
a lomos de un suspiro azul
amanece
con lágrimas en los ojos
y frío
en la fría soledad de su vientre.
Como los juncos que luchan
desesperadamente
contra la corriente del río…
Mis manos
torpes y frías
tratan de sujetar a duras penas
el calor
de una caricia juguetona
que una madrugada
se perdió en el vientre del mar
ahogada
entre el barro de las dudas y los celos.
Ya no encontraras en mí, al hombre
enamorado
que cada mañana con una sonrisa
en los labios
te daba los buenos días con un beso lleno
de ternura
y en las manos el calor de la última caricia.
Ya no encontraras en mi al hombre
enamorado
que ocultaba en el brillo de sus ojos
la pasión vivida
en una noche preñada de amor y entrega,
Ya no encontraras en mi al hombre
enamorado
que cada noche se perdía entre los brazos
de un gemido roto
por el silencio de una madrugada eterna.
Al hombre
que a medio camino entre la mágica invitación
de tus nalgas
y la extrema suavidad de tu vientre,
navegaba curioso por todos los rincones de tu web.
Ya no encontraras en mí, al hombre enamorado
que, ante cualquier enfado tuyo,
te pedía perdón
de rodillas en la esquina solitaria de un poema
con el desayuno preparado en la mesa de un sueño
y en la mente
la imagen de una nueva locura de amor…
A punto de ser escaneada.
Eres como la mañana que nace
en cada nota de guitarra
y muere de dolor en cada grito.
Como la lluvia plateada
que brota en tus ojos
y se derrama suavemente
sobre
los pétalos de tus labios
para morir
de amor en los míos
que apenas calor derrama.
Eres como la mañana que nace
en cada nota de guitarra…
Como el sueño perezoso que cada
amanecer
sueña con la ternura de unas manos
que se enreden
entre los rizos rebeldes de tu pelo…
Una caricia
remolona ocupa egoísta una esquina
de tus ojos
y se oculta entre las ramas del viento
derramando
en mis manos el café y en mi boca
el sabor a hierbabuena que dejan tus besos.
Sobre un improvisado lecho de pétalos
encendidos
como el fuego que arde lentamente
en la piel
de tus mejillas cuando hacemos el amor…
La primavera
sin pijama que oculte su mágica
belleza
duerme sobre los labios del volcán
que nace
en el fondo de tu corazón y un abrazo
de enredaderas
de cal pintan las paredes de tu vientre...
El reflejo de un beso
dibujó
en el vientre del agua
un pequeño
arcoíris de amor…
Y todas las golondrinas
del barrio
bajaron
a beber en tus labios
temblorosas
como un poema escrito
en primavera.
Escondido entre la piel
de seda
que cubre la insolente
suavidad de tus pechos..
Duermen
los deseos de un joven
suspiro
que una madrugada
se escapo
de tus labios para morir
en el pecado
ardiente de un aquelarre
desbordado
por la lujuria y la pasión.
Como el sol que cada tarde
entre las olas
del mar su fuego esconde…
Nuestros cuerpos desnudos
de pudor y ropa
al esconder entre los juncos
juegan
fundidos en un mágico abrazo
clandestino.
El agua besa con sus labios
de sal
tu cálida piel de chocolate
y la tarde
abriendo un paréntesis
en el vientre
oscuro de la noche
cantando una dulce canción
de amor
en el horizonte juguetona se pierde.
Dos años fueron tiempo suficiente para que el rumbo cambiara su marea, la brisa, fuerte e indiferente, los llevó donde el destino planea. ...