De las
aguas que cada mañana se rompen
como un
cristal
entre
las piedras y los juncos
he
aprendido a nadar contracorriente
anudando
dudas
en los
cordones de mis zapatos.
De los
vientos he aprendido a perderme
en las
promesas
de un
corazón que se queda
a medio
camino
entre
los recuerdos y la esperanza.
De las
mariposas he aprendido
a
esconder mi dolor
en la
envolvente magia de los colores
que
nacen
en el
seno de tus mejillas
y
mueren cada amanecer en la oscuridad
de un
llanto,
mendigando
el calor de una nueva caricia.
De la
noche he aprendido el maravilloso
Mundo de
la oscuridad
Y del
sol,
la luz
que ilumina el brillo de tu mirada
y la
inocencia
tan
frágil que oculta entre tus manos...