Ya no quedan en mis manos
caricias
que alegren mis tardes casi
dormido
en los brazos de la soledad.
Mi silueta
ayer viril, hoy se refleja
en los cristales del alma
como un clavel
marchito por los rayos del Sol.
Mi orgullo escondido detrás
de una sonrisa
se abraza desesperado
a los volantes
de una esperanza que se pierde
por los callejones
de tus besos, deshojando
un calendario
sin fechas ni santoral que lo recuerde…

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