Escondido entre la piel de seda
que cubre
la insolente suavidad de tus pechos...
Duermen
los deseos de un joven suspiro
que una madrugada
se escapo
de tus labios para morir en el pecado
ardiente
de un aquelarre
desbordado por la lujuria y la pasión.
Como el sueño perezoso que cada
amanecer
sueña con la ternura de unas manos
que se enreden
entre los rizos rebeldes de tu pelo…
Una caricia
remolona ocupa egoísta una esquina
de tus ojos
y se oculta entre las ramas del viento
derramando
en mis manos el café y en mi boca
el sabor a hierbabuena que dejan tus besos.

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