Quizás la culpa fue mía y solo mía
por no saber
adaptarme a los momentos
que me tocaron vivir.
Pero ya es tarde para cambiar
y el ocaso
me espera agazapado
en cualquier
esquina de mí triste soledad.
Solo me queda sentarme y esperar
con la tranquilidad
que dan los años…
Que una ola de mar me acoja
entre sus brazos
y me arrastre
violentamente a las puertas del infierno
como arrastra el viento
las hojas
que como copos de nieve caen en otoño.
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