Los ojos negros de la noche, alados
como las pestaña que lo embrujaban
con mimos y calor acariciaban
los senos que los tenía embrujados.
Mirando los cuerpos abandonados
que entre juegos amorosos se amaban
muertos de envidias y celos, soñaban
con dormir a tu cintura abrazados.
Habitando en un mundo de locura
sus labios enamorados jugaban
entre las nalgas de un volcán de fuego.
La noche con su cara de amargura
porque sus amantes no la acosaban
saco un puñal y al día dejo ciego.
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